Señor,

Tú conoces mi vida y sabes mi dolor,
has visto mis ojos llorar,
mi rostro entristecerse,
mi cuerpo lleno de dolencias
y mi alma traspasada por la angustia.

[…] Ayúdame a sufrir con amor,
hasta con alegría.
Si no es posible que pase de mi este cáliz,
te pido por todos los que sufren:
por los enfermos como yo,
por los pobres, los abandonados,
los desvalidos, los que no tienen
cariño ni comprensión y se sienten solos.

Señor,

Sé que también el dolor lo permites tú
para mayor bien de los que te amamos.
Haz que estas dolencias que me aquejan
me purifiquen, me hagan más humano,
me transformen y me acerquen más a Ti.
Amén.

San Juan Pablo II

¡Gracias por tus Oraciones!

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